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Hablemos sobre el desperdicio de alimentos

Actualizado: ago 11

Por María Fernanda Loría, periodista Green Valley Atenas School


El próximo 29 de septiembre se celebra por primera vez el Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y Desperdicio de Alimentos. Bajo el contexto mundial de la pandemia del COVID-19 y la crisis social y económica que ha generado.

Como institución educativa y como parte del compromiso social que esto implica, es nuestra labor educar, reflexionar y llamar a la acción sobre una problemática que nos afecta como comunidad


¿Qué dicen los números?


De acuerdo con el índice de desperdicios de alimentos 2021 realizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la empresa auditora británica WRAP, solo en el año 2019 se desperdiciaron 931 millones de toneladas de alimentos. Es decir, el 17% de la producción de alimentos a nivel mundial terminó en la basura.


Para dimensionar esta cifra, se trata de 23 millones de camiones cargados con 40 toneladas de alimentos que puestos en fila le darían siete vueltas a la Tierra. Esto debería ser suficiente para alarmarnos.


Este estudio además señala que la mayor parte del desperdicio de alimentos proviene de nuestros hogares, con un equivalente del 61%. La fruta que compramos de más y desechamos porque se “puso fea” en el refrigerador, termina engrosando estas desalentadoras cifras.


En segundo lugar, se encuentra los servicios de alimentos, como restaurantes y hoteles con un 26% y por último se encuentran los comercios como los supermercados con un 13%.


¿Por qué debemos frenar el desperdicio de alimentos?


El desperdicio de alimentos genera un fuerte impacto tanto a nivel social, económico como ambiental.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) 90 millones de personas pasaron hambre en el 2019, cifra que se espera que aumenta de manera drástica como consecuencia de la pandemia. También estima que alrededor de 3.000 millones de personas no tienen recursos para pagar una dieta saludable.


No es necesario un estudio que nos demuestra la enorme contradicción entre los millones de toneladas de comida desperdiciada y la falta de alimento en el mundo.


En términos económicos, estamos hablando de una afectación al bolsillo del consumidor que paga por alimentos que no consume, pero también en el mercado, al aumentar la demanda de productos y por tanto de los precios de los mismos.


Según a estimaciones de la Organizaciones Unidas, entre un 8 y 10 % de las emisiones de gases de efecto invernadero, causantes del aumento en la temperatura del planeta, están asociados con alimentos que no se consumen.


Además, las cadenas de producción detrás de lo que comemos, tienen un impacto ambiental. Por ejemplo, el uso de fertilizantes, la explotación de la tierra para el cultivo, la refrigeración, incluso el transporte de alimentos.


¿Qué podemos hacer para evitar botar la comida?


Como lo demuestran los números, en nuestras manos y en nuestras acciones diarias, se encuentra la solución.


La FAO recomienda algunas sencillas medidas para ahorrar comida y frenar el desperdicio desmedido:


· Compre únicamente lo que necesita

· Consuma productos locales y apoye a los pequeños productores

· Elija frutas y verduras “feas”. Estas suelen estar en buen estado, pero suelen desecharse por “estética”.

· Aproveche las sobras y almacene bien los alimentos para conservarlos por más tiempo.

· En lugar de tirar los alimentos a la basura, utilícelos como composta.





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